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Apuntes del Profesor de Luis Ángel Carrasco Garrido

A un “metro” del humo y la tragedia

26 Agosto 2018 , Escrito por Luis Ángel Carrasco Garrido Etiquetado en #Seguridad-Prevención-Emergencias, #Prevención de Riesgos, #administracion de riesgos, #Planes de emergencia, #RRD, #Reducción de Riesgos de Desastres, #otra mirada, #riesgos

Cerca de las 6:50 hrs. de la mañana del miércoles 20 de junio, pasajeros del tren subterráneo  y comerciantes de la estación Tobalaba fueron testigos de una humareda que provenía aparentemente de un local de helados emplazado en el lugar. Según lo que señalaba

El fuego es una reacción química inestable que crece de forma geométrica, lo que significa que, en pocos minutos, ese incendio habrá crecido en volumen, intensidad, temperatura, toxicidad, destrucción, etc.

Junto con la combustión, viene asociada la generación de humo y gases.  El humo es una mezcla peligrosa y compleja; el aire caliente, las partículas sólidas y líquidas en suspensión y los gases tóxicos que contiene el humo de la combustión lo hace extremadamente peligroso para la salud de aquellos que se topan con un incendio.

Los gases tóxicos que se liberan en un incendio dependen del producto que se quema, del tipo de material químico o sustancia que arde.

Estos elementos pueden ser clasificados como agentes irritantes respiratorios y agentes tóxicos. En los agentes tóxicos destaca el monóxido de carbono, pero también se pueden encontrar cianuro y sulfuro de hidrógeno.

Dentro de los agentes irritantes puede haber ácido clorhídrico, oxido de nitrógenos, dióxido de carbono y amoníaco, entre muchas otras sustancias. El monóxido de carbono se libera en los incendios de maderas, celulosa y PVC entre muchos materiales. El cianuro se libera en la combustión de nylon, plásticos y resinas.

El humo del fuego es siempre convectivo, va hacia arriba como la llama de un fósforo, sus gases calientes y humos se propagan hacia arriba, salvo que tengamos un elemento que desvíe este curso normal, de tal modo que, en su casa, en un comienzo de un incendio los gases calientes y humos irán hacia la parte superior.

El día de la emergencia del metro subterráneo, los humos y gases, tendieron a subir, y la generación de humo es rápida y abundante, adicionalmente se puede agregar que la estructura del metro es un espacio confinado sin ventanas, lo direcciona con mayor facilidad los humos por tener espacios únicos, los que se van llenando.

A modo de ejemplo ilustrativo con respecto a la generación de humo, un sillón de un cuerpo que se quema, puede saturar de humo una casa de 80 metros cuadrados en minutos, con una densidad agresiva del humo y crear un cuadro de visibilidad cero para el propietario o el involucrado en la emergencia. Cuando hablamos de visibilidad cero, estamos hablando de no poder observar una ampolleta encendida de 100 watts a un jeme o a una cuarta, de su propia nariz.

Entonces, si vamos uniendo este cuadro, el fuego crece geométricamente, y tenemos pocos minutos para evacuar, viene asociado a gases que me intoxican y previamente estos mismos me pueden limitar sicomotoramente, vale decir en mi facilidad o destreza de desplazamiento, en mi capacidad de pensar, porque lo que necesita mi cerebro es oxígeno y no monóxido de carbono.

Los humos además tendrán una tendencia a ir hacia arriba, y coincidirán con las vías de evacuación, las mismas vías que usarán las personas para escapar.

Gritos, desconcierto, desesperación, miedo, ingredientes no menores que hacen acelerar las pulsaciones y respiración, reacciones que aceleran la intoxicación y asfixia por la falta de oxígeno, en el momento que se produce la emergencia.

Las condiciones reales que aporta un amago de incendio como éste, es que, con un pequeño a mediano incendio, crea limitaciones sobre las personas que evacuan.

Poca visibilidad, dificultad para ver, una especie de conjuntivitis o sensación de arena en el ojo, tos persistente, ronquera y dificultad para respirar y en casos más complicados mareos, vómitos, debilidad de movimiento y compromiso del estado de conciencia.

Dicho eso, esta emergencia “evaluada inicialmente como exitosa” por no encontrarnos con un desenlace fatal, nos hace reparar en cuestiones obvias, que a simple vista parecen incongruentes.

En pleno proceso de control del fuego y evacuación, seguían llegando trenes y abrían sus puertas para que bajaran y subieran personas.

Si efectivamente se realizaba un control de mantención en el local de helados, que provocó la emergencia, llama la atención la falta de medidas de prevención y control, y adicionalmente la acción en primera intervención, lo que evidentemente pudo haber evitado lo que sucedió.

Si bien, se apreciaron guardias y personal de la empresa dando instrucciones en un ambiente contaminado, donde hay registros fotográficos y grabaciones que muestran gran cantidad de humo mientras se hacia la evacuación, donde lo requerido era la experticia y liderazgo de los funcionarios, no se comprende cómo no tenían equipos de respiración que les permitiera estar ajenos a gases tóxicos y de los efectos del humo.

Todas las estaciones de acuerdo a los tiempos de puesta en marcha, han recurrido a altos estándares de construcción y diseño, pero, sin embargo, el no respeto al acceso controlado, ha vulnerado la seguridad de las estaciones.

Con el ingreso indiscriminado de personas, el cálculo que hace referencia a capacidad máxima en andenes, pasillos y puertas, ya no se cumple.

En horario punta no es extraño encontrarnos con escaleras y espacios saturados y colapsados en las estaciones, lo que no permite responder a las acciones de emergencia, ni a la eventual evacuación, simplemente, porque no se respeta las capacidades de la edificación y el sentido de uso del metro.

Entonces después de un incendio más bien circunscrito, el que sucedió recientemente, incendio de mediana complejidad, donde sus repercusiones fueron variadas, donde los resultados fueron evaluados como exitosos, lo sucedido nos da una alerta de lo que podría ser una emergencia superior, en horario punta, si no se respeta el acceso controlado y los cálculos que se tuvieron a la vista cuando se construyeron las estaciones.

Y del mismo modo no se coordina de mejor forma la evacuación, con la llegada de trenes, con lo que significa interactuar con monóxido de carbono, humos, fuego y una multitud de personas bajo presión y presa del miedo.

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La calefacción, el gas y el monóxido de carbono

26 Agosto 2018 , Escrito por Luis Ángel Carrasco Garrido Etiquetado en #Seguridad-Prevención-Emergencias, #Educación, #Prevención de Riesgos, #administracion de riesgos, #RRD, #Reducción de Riesgos de Desastres

Próximos al invierno, el frío arrecia, la gente tiene una mayor necesidad de usar calefacción, aumenta el uso de la electricidad, gas, kerosene (parafina), leña, etc. Todos queremos que nuestra casa esté agradable y la temperatura oscile entre los 20 y 25 °C, procurando que no solo sea un ambiente, si no toda la casa.

No es tarea fácil, porque no es sólo prender la estufa, por cuanto lleva riesgos asociados, es fundamental mantener aireado el lugar y se requiere un uso responsable para prevenir accidentes con gas licuado (gas de petróleo en balones), natural (gas de cañería), parafina, leña y con el monóxido de carbono (gas propio de la combustión).

En el último tiempo debido a las bajas temperaturas, muchas temperaturas cercanas a cero, llevan consigo el uso de estufas y diversas formas de calefacción, sin tener el debido cuidado en el uso.

Generalmente el riesgo es la mala combustión y acumulación de monóxido de carbono que es producido por una combustión incompleta de madera, el carbón a leña, el carbón mineral, el gasoil, el kerosene, la gasolina, el butano, el propano y el gas natural.

Estamos hablando del monóxido de carbono, un gas inodoro, incoloro, insípido, no irritante y tóxico, difícil de detectar. No tiene propiedades indicadoras que permitan su reconocimiento, por eso es prácticamente imposible que una persona lo pueda reconocer. Es ligeramente más liviano que el aire.

Es un gas producto de la combustión, que encontramos normalmente en el tubo de escape de un automóvil y en la combustión de la cocina, estufas, calefones, chimeneas, etc. Este gas también lo puede producir una estufa a leña, a gas o a keroseno.

El requisito fundamental es que estén encendidas, con lo que producen esta especie de humo invisible en el ambiente, cuando tenemos fuego.

Características del monóxido de carbono.

Tóxico.

Es 300 veces más compatible que el oxígeno respecto a la hemoglobina de la sangre del ser humano. La hemoglobina es un compuesto que cumple la función de llevar al oxígeno captado en los pulmones a los tejidos del organismo.

Esta mayor afinidad le permite formar fácilmente en la sangre la carbo-hemoglobina, que capta el oxígeno del aire, pero no lo entrega en los tejidos, lo que produce una intoxicación general del organismo.

Es un gas incoloro, insípido e inodoro.

En ausencia de instrumentos, sólo se puede, ser detectado por los síntomas que produce en los seres vivos. Sin embargo, al producir inicialmente perturbaciones de la conciencia, no es advertido por los afectados, lo que es extremadamente peligroso. 

Riesgos del Monóxido de Carbono (muerte).

El funcionamiento de artefactos a gas encierra peligros, a veces fatales, para los usuarios que no revisan las conexiones o dejan de ventilar el ambiente.

El mal estado de calefones o calentadores genera combustiones imperfectas, que liberan monóxido de carbono (CO). Este compuesto se mezcla con la sangre y asfixia las células. También existe el riesgo de intoxicación directa por gas, a causa de filtraciones. 

Síntomas de Intoxicación con CO en el ambiente.

70 partes/millón, provoca respiración corta bajo ejercicio vigoroso, posible sensación de sienes tirantes.

120 partes/millón, respiración corta bajo ejercicio moderado, dolor de cabeza con palpitaciones.

220 partes/millón, evidente dolor de cabeza, irritabilidad, fatiga, mareos, perturbaciones en el juicio.

350-520 partes/millón, confusión, desmayo.

800-1200 partes/millón, inconsciencia, convulsiones intermitentes, fallas respiratorias, muerte por exposición prolongada.

1905, muerte. 

Causas de Emanación

Equipo en mal estado o con poca mantención.

Falta de oxígeno en la casa o departamento.

Falta de ductos de ventilación, mal diseño. 

Fuentes de CO en el Hogar.

Calefones.

Calentadores a gas (de cañería, natural, licuado o catalítico)

Estufas a parafina.

Braseros.

Chimeneas, etc. 

Si tiene niños pequeños, es importante que estén en un lugar a una temperatura adecuada. Los

niños pequeños, especialmente los bebés, pierden calor corporal fácilmente y no producen tanto calor como los adultos. Cuando haga frío, esté atento a la temperatura corporal de los niños pequeños y la temperatura del recinto en el que se encuentra. Si usted usa chimenea o estufa a leña, debe realizar la mantención todos los años. Antes de encenderlos, asegúrese de que el tiraje esté abierto y de que haya ventilación adecuada al exterior. 

Las estufas a gas, a kerosene también requieren de mantención previa, mantenga un stock de gas, parafina, leña adecuado para lo que indica el pronóstico meteorológico, lo más probable es que no pueda desplazarse a comprar ni le puedan llevar a su casa los distribuidores si las condiciones climáticas son complejas.

Es importante mantener a la vista números telefónicos de distribuidores de combustible a domicilio, números de emergencia, de las empresas de electricidad, agua, gas, etc., así como los de Ambulancia 131, Bomberos 132 y Carabineros 133. 

Si va usar estufas, no las deje cerca de nada que pudiera provocar un fuego, como ropa de cama, cortinas o muebles, mantenga siempre a mano un extintor de incendios.

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