Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog

Apuntes del Profesor Luis Carrasco-Garrido

El sábado 24 de septiembre nuevamente pusimos a prueba el sistema en Chile, a las 20.30 hrs sufrimos un apagón total, conocido también como “black out”,  que afectó desde la cuarta región por el norte hasta la octava región por el sur. Por lo tanto, el problema no fue menor, pero en ningún caso fue más que lo que sucedió para el mega terremoto, el 27 de febrero de 2010, cuando faltaban minutos para las 04.00 hrs A.M.

 

Foto 10

Que queda al descubierto que nuestro sistema interconectado eléctrico central no es el de los mejores, lo que fue virtud en algún momento, hoy no lo es. Más de alguno plantea volver a lo que era antes pequeñas plantas generadoras y distribuidoras por sectores, lo que obviamente divide el problema, no obstante, habrá que reconocer que este tipo de problema se soluciona teniendo diferentes formas alternativas para la generación, transporte  y distribución de la energía.

Sin embargo, habrá que señalar, que un evento como este puso a prueba todo aquello que creíamos superado. ¿Cómo funcionaron los grupos electrógenos de emergencia y respaldo? ¿Cómo en algunos lugares todavía no los compran? ¿Algunos no funcionaron? ¿Y los planes de emergencia funcionaron, estaban operativos, existían? ¿Cómo actuó la gente, y los encargados, y los jefes? ¿Y los militares, y sus comunicaciones? Bueno, no podemos dejar pasar este momento para hacer algunas evaluaciones objetivas y más finas. En mi primera mirada, hubo cosas que funcionaron bien, porque la gente tiene aún fresco lo que sucedió el 2010, o sea ya no fue tan difícil encontrar la radio, la linterna y las llaves. Pero creo que hay cosas que funcionaron igual o peor que el 27 de febrero, concordemos primero que lo sucedido el año 2010 fue superior en magnitud,  pero sobre esa base se anunció mejores comunicaciones, teléfonos satelitales, un sistema de lujo en mensajería, asociado a recomendaciones del nivel central, mejor capacitación, mejor cobertura telefónica, mejores expertos, mejor ONEMI, etc (“el pez muere por la boca”). Y lo que vimos fue algo deplorable, un Ministro que en los primeros minutos enviaba un twitter diciendo: lo que todos sabíamos, “un corte generalizado”, con el tiempo supimos que era muy mayor eran casi 10 millones de personas afectadas. Después de una hora y media se había confirmado era “Un Apagón”, en resumen recibimos muy poca información, el pequeño almacenero con sus congelados y helados no sabía qué hacer, otros desesperadamente trataban de saber a través del teléfono (que a veces respondía) o desplazándose en busca de  sus familiares, o las pequeñas empresas o pymes que no sabían si despachar o dejar los turnos, un sistema de transporte que se escondió, y un metro que cerró y una Onemi con una red de radios y contactos, sin partitura o procedimiento, que ya no tenía al Shoa, ni servicios de afuera que le dijeran que pasaba, “contaba y contaba postes”, y después contaba “ampolletas con luz”, que obviamente, no era lo importante para la gente.

No hubo ninguna acción o mensaje presto, de alto nivel para calmar a la gente común (para la señora Juanita), sólo hubo explicaciones técnicas para técnicos, no para usuarios que requieren tomar decisiones simples, y que de esto depende su trabajo, o su familia.

Nunca hemos tenido claro porque en este tipo de acontecimientos aparece un grupo de comandos del  gobierno a hablar, cuando sólo bastaría que el Director de la Onemi administrara esa vocería, en casos anteriores nos encontramos con el Presidente, Ministro del Interior, Subsecretario, Ministro de defensa, Ministro vocero, Ministros sectoriales. Esta vez había un solitario Ministro de Energía, un Subsecretario del interior y un Director de Onemi ¿qué pasaba? ¿Estaban en el recital Ricky Martin? Nunca se supo, y entendamos que tenemos tan mal acostumbrada a nuestra gente, que sólo quiere escuchar al Presidente de La República, y eso que hubiera poca gente y desconocida, a la gente la puso intranquila. Esta vez el Ministro Álvarez, de Energía que para gente común no lo había visto ni en pelea de perros, salía hablando en chino, y además con una falta de tino por cuanto decía: “este es el último comunicado” cuando deben entregarse los necesarios para volver a la normalidad, también dijo: “que en el futuro próximo ya no sería problema porque se estaban licitando los respaldos”, información que sólo dejaba al descubierto todo el tiempo que había pasado y todavía no se hacía nada.  ¿Y las comunicaciones, que pasó? ¿Y el transporte, que pasó? ¿Quién paga? Si, no estamos en la guerra, o ¿es de fuerza mayor?

La misma recomendación para el Gobierno que para la gente común, siéntense con los actores de la emergencia para ver que falló y para que no se vuelva a repetir lo del 24.09.11., y mejorar y hacer operativo nuestro Plan de Emergencia.

Luis Ángel Carrasco Garrido

Profesor /Ingeniero/Magíster

Especialista en Emergencias

 

27.09.11

Ver comentarios

 

Anoche quedó respondida la gran pregunta de la mañana del 27 de febrero del 2010: ¿Qué habría pasado si en vez del saliente gobierno de Michelle Bachelet hubiese estado instalado el nuevo gobierno de Sebastián Piñera? Y la respuesta es esta: nada distinto.

No se trata de la velocidad y la eficacia de la reconstrucción después de un megaterremoto, que en los últimos meses han obligado a plantearse la pregunta inversa. No, este es un caso menor, pero no ignorado. O mejor dicho: si las autoridades lo ignoraban, entonces es un caso mayor.
 
 


El Sistema Interconectado Central (SIC) se vino al suelo por la debilidad de sus líneas de transmisión de 500 kilowatts y por la falla grave del sistema de recuperación a distancia (esta era la explicación vigente a eso de las 22 horas), dos tecnicismos que significan que la seguridad eléctrica de Chile está igual o un poco peor que en febrero de 2010. Para informar sobre el origen de la falla, el ministro de Energía demoró casi una hora y media: es escalofriante pensar cuánto habría tardado si además de apagón se hubiese tratado de una catástrofe. ¿No era que el SIC sería reforzado? ¿No era que se adoptarían las medidas técnicas para evitar que 10 millones de chilenos se quedaran sin luz al unísono? ¿No era que el nuevo gobierno produciría las certezas que los anteriores no dieron?

¿Y la fustigada Onemi? Bueno, esta vez supo algo menos de lo que supo el 27 de febrero. No hay que culparla, porque ahora dependía sólo de las informaciones de las autoridades de energía, y no tenía el subsidio intelectual de los centros de monitoreo y alerta de Hawaii, Estados Unidos y las redes satelitales mundiales. El concepto de una emergencia energética no está aún en los parámetros de la Onemi, ni siquiera tratándose de un país que vive una vulnerabilidad eléctrica muy parecida a la sismológica. En su mejor momento, mucho después del inicio del problema, ayer la Onemi se lució informando sobre los lugares en que ya se había repuesto el servicio eléctrico, algo que dichos lugares obviamente ya no necesitaban.

Otras autoridades, como en aquel trágico febrero, brillaron por ausencia o inadecuación. En la primera hora no apareció el Ministerio del Interior, y en la segunda, el de Transportes informó que, en un Santiago un tanto apanicado, se estaban cortando servicios de transportes públicos, no manteniendo ni sosteniendo. El Metro aportó algo más con el anuncio del cierre de todas sus estaciones. Nada dijo este ministro, también responsable de las Telecomunicaciones, acerca de la saturación de la telefonía móvil, indicación perfecta de que no se ha tomado ninguna medida sustancial para mejorar lo que fue una de las dimensiones más angustiosas del desastre del 2010.

Un apagón es un apagón, no hay que exagerar. Chile tiene uno de los mejores índices de tiempos de cortes eléctricos y de velocidad de reposiciones de América Latina. Su sistema de distribución pende de un hilo    -siempre, todos los días, a toda hora-, pero su capacidad de reacción es notable. Lo que perturba es que la capacidad del aparato gubernamental, tan denostada frente a una crisis inmensa como la de febrero de 2010, ha mejorado entre poco y nada. A 19 meses de una catástrofe histórica, mantener las cosas como estaban antes de ella es una muestra de incompetencia excelsa, casi poética.

Sólo falta que el Congreso abra una comisión investigadora para no llegar a ninguna conclusión.

25 de septiembre de 2011

 

 

Ver comentarios

Top

Alojado por Overblog