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Apuntes del Profesor de Luis Ángel Carrasco Garrido

¿ Dónde va la Bandera ?

29 Abril 2010 , Escrito por LACG Etiquetado en #Educación

bandera-chilena.jpg

Correcta ubicación de la Bandera nacional vista de frente.

El Decreto Supremo Nº 1.534, de 18 de octubre de 1967 establece que el Emblema Nacional debe lucir en todos los edificios públicos y particulares del país durante los días de Fiestas Patrias. Nuestra bandera merece el mayor respeto de todos nosotros. Eso significa, en primer lugar, que nuestra enseña debe usarse sólo el 18 y 19 de septiembre, y que emplearla en los días precedentes o posteriores implica una infracción, lo mismo que izarla en un mástil que no sea de color blanco.

Si se utiliza sin asta puede ser puesta horizontal o verticalmente, casos en los cuales su estrella debe quedar en la parte superior y siempre a la izquierda del observador. Debemos, también, tener en cuenta que no está permitido emplear banderas en las que esté inserto el escudo nacional, ya que esa combinación corresponde exclusivamente a la bandera presidencial.

En caso que nuestro Emblema Patrio sea izado junto a banderas extranjeras, su tamaño no podrá ser inferior a las demás, ni colocarse a menor altura. Cuando sólo sea uno el pabellón extranjero se la ubicará a la izquierda del espectador; si está acompañada de un número par de pabellones extranjeros, ocupará el centro de ellos; si se coloca junto a un número impar, ocupará el primer lugar al lado izquierdo del espectador, u otra ubicación en forma que destaque.

El incumplimiento de estas disposiciones acarrea sanciones por parte de los juzgados de Policía Local.

HISTORIA

Como preludio de la primavera, en septiembre floreció la libertad de nuestra nación.

Fue la instalación de la Primera Junta de Gobierno, la cual, el 18 de septiembre de 1810, asumió la administración del país, aun concebido como Reino de Chile, con la finalidad de conservarlo para el Rey Fernando VII de España, prisionero de Napoleón.

Parecía sólo un paréntesis del dominio hispánico sobre su más austral colonia americana, pero terminó siendo el primer paso hacia nuestra libertad definitiva.

Por tal razón, los chilenos celebramos el 18 de Septiembre como nuestro Día de la Independencia. Y, también, porque la idea libertadora de nuestros héroes se llenó de aquella esperanza que años después se traduciría en la completa separación de Chile de la corona española.

Con la Patria Vieja que se inició aquel día, el país estableció sus primeros símbolos. De este modo, su propia bandera y su propio escudo comenzaron a mostrar la férrea voluntad de un pueblo de no volver atrás y de continuar caminando hacia su total emancipación.

Con la Reconquista esos emblemas fueron reemplazados por las insignias hispanas. Sin embargo, la lucha de nuestros patriotas nos condujo a la Patria Nueva, durante la cual una bandera y un escudo, también nuevos, fueron los distintivos de nuestra nacionalidad.

Nuestra actual bandera fue izada por primera vez en forma pública el 12 de febrero de 1818, durante la solemne proclamación de la Independencia, en la que también se dio inicio al rito del juramento de la bandera.

Nuestro pabellón patrio fue concebido por el ministro José Ignacio Zenteno durante el gobierno del Libertador Bernardo O’Higgins y fue diseñado por el militar español Antonio Arcos.

Los colores rojo, azul y blanco representan, respectivamente, la sangre vertida durante la guerra de la Independencia, el nítido azul de nuestro cielo y la nieve de la Cordillera de Los Andes. La estrella simboliza la unidad del país, constituido en un solo Estado, a diferencia de aquellos formados por diferentes estados federados. El fondo azul donde ésta descansa corresponde exactamente a un tercio del tamaño de la parte inferior de color rojo.

BANDERAS DE CHILE A TRAVÉS DE SU HISTORIA

PATRIA VIEJA  

En el gobierno del General José Miguel Carrera, se diseñó una bandera nacional y una escarapela como distintivos de los patriotas. Ambas fueron las primeras enseñas del país. Aquella bandera estaba formada por tres franjas verticales de igual tamaño. La superior era azul, la intermedia blanca y la inferior amarilla.

Dice la historia que esa bandera se izó por primera vez el 4 de julio de 1812, en el banquete ofrecido por el cónsul de Estados Unidos, Joel Robert Poinsett, para celebrar el aniversario de la independencia de su país, un acontecimiento que tuvo gran influencia en Chile. Poco después, el 30 de septiembre del mismo año, el escudo y la bandera de la Patria Vieja fueron adoptados con gran solemnidad, aunque no recibieron oficialización.

Para fray Camilo Henríquez, fundador de “La Aurora de Chile”, el primer periódico nacional, aquel pabellón representaba los tres poderes del Estado: Majestad, Ley y Fuerza. Se usó por última vez en la batalla de Rancagua, el 1 y 2 de octubre de 1814, episodio que dio comienzo a la Reconquista, período en el cual Chile no tuvo enseña propia.

El Ejército Libertador, organizado en Argentina, luchó en Chacabuco bajo la bandera de esa nación. Y desde aquel glorioso 12 de febrero de 1817 no se usó más el emblema español.

PATRIA NUEVA  

El 18 de octubre 1817 se adoptó un nuevo pabellón, el cual la historia conoce como bandera de la transición y cuyo diseño se atribuye a Juan Gregorio Las Heras. Por primera vez, nuestra enseña llevó los colores de la actual bandera nacional en tres franjas horizontales, la superior azul, la del medio blanca y la inferior roja. Esos colores simbolizaban el cielo chileno, la nieve de la cordillera de los Andes y la sangre vertida por nuestros héroes en los campos de batalla.

Como sucedió con la bandera de la Patria Vieja, ésta tampoco fue legalizada y duró un corto período, debido, entre otras razones, a que se confundía con la holandesa.

BANDERA ACTUAL  

El pabellón nacional que hoy nos cobija fue idea del ministro José Ignacio Zenteno y su diseño correspondió al militar español Antonio Arcos. Sin embargo, también se sostiene que su diseñador fue Gregorio de Andía y Varela

Se legalizó por decreto ley del 18 de octubre de 1817, promulgado bajo el gobierno del general Bernardo O’Higgins y firmado por el ministro de Guerra, coronel José Ignacio Zenteno.

A sus colores se les atribuye la misma simbología de los del pabellón que lo antecedió, en tanto su única estrella representa la unidad del país, constituido en un solo Estado, a diferencia de aquellos formados por distintos estados federados.

 

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La importancia de los Planes Reguladores en caso de catástrofes

15 Abril 2010 , Escrito por LACG Etiquetado en #Seguridad-Prevención-Emergencias

La importancia de los planes reguladores en caso de catástrofes

Isabel Zapata Arquitecta

 

Los Planes Reguladores son actos administrativos de carácter normativo que establecen las condiciones de edificación y los usos de suelos permitidos y prohibidos. En consecuencia, los Instrumentos de Planificación Territorial definen las zonas de riesgos, entre los que se consideran los riesgos de inundación, remoción en masa entre otros, así como las zonas no edificables. Una lectura más profunda de la ley, permitirá constatar a los lectores que ésta considera condiciones que deben cumplir las edificaciones emplazadas teniendo en consideración, de acuerdo a lo que establece el marco legal de urbanismo y construcción, que mediante estudios fundados de ingeniería es posible mitigar los factores de riesgo señalados en los instrumentos de planificación. En las zonas de riesgos, para los fines de tranquilizar los intereses de dar plenas garantías al negocio inmobiliario, se establecen claramente cuáles deben ser las condiciones para poder edificar en esas zonas, siempreterremotonaturales, como el acaecido en Chile para el caso del Tsunami. No obstante, cabe señalar que en este contexto resulta de poca cordura que en estos sectores, zonas amagadas por riesgo se establezcan equipamientos de carácter público y/o viviendas económicas o sociales construidas con subsidios, dilapidando recursos públicos. Además de no poder contar con dichos servicios básicos al momento post catástrofe de atención a la población, como ha ocurrido con pérdidas de escuelas, colegios, comisarias, consultorios, oficinas municipales entre otras, emplazadas en zonas de riesgos bajo la cota de inundación por tsunami. Tras haber recorrido la costa de la región del Maule desde Boyeruca hasta Peyuhue- Curanipe, en conjunto con un equipo de expertos planificadores urbanos, geólogo e hidrólogo, pudimos constatar la correspondencia de los estudios de riesgos de los Planes Reguladores para dicho territorio costero, y el registro de huellas físicas que dejó el tsunami. En consecuencia, es dable afirmar la validez del ejercicio de la planificación urbana en Chile, toda vez que se mejoren los mecanismos legales para su aprobación y vigencia legal. Hoy, en el escenario post catástrofe, sería de gran ayuda para la coordinación de inversiones públicas contar con estos instrumentos que mandatan las intervenciones en los territorios regulados estableciendo orientaciones claras para la relocalización de viviendas que cuenten con subsidios por parte del Estado así como el equipamiento público según lo señalado. Tomar conciencia de los efectos de estos eventos catastróficos permite reconocer los roles de los distintos actores en materia de reconstrucción urbana, en donde el Estado a través de sus instrumentos normativos debe establecer las condiciones y las aptitudes de cada segmento del territorio, dictando normas claras para que los privados puedan actuar interviniendo en la reconfiguración del territorio. Ello, toda vez que es el Estado, quien puede aprovechar las oportunidades que en materia de desarrollo urbano ofrece el actual contexto de devastación, planteando los grandes proyectos en post del mejoramiento sostenido de la calidad de vida de los habitantes, que claramente la visión compartimentada de las iniciativas privadas no lo logran cuando se actúa en ausencia de un Plan.

Isabel Zapata Arquitecta MA Geografia U. de Chile.

El Mostrador 14/04/2010

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Habla Carmen Fernández

10 Abril 2010 , Escrito por LACG Etiquetado en #Seguridad-Prevención-Emergencias

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Habla Carmen Fernández

Entrevistas Paula 1044. Sábado 3 de abril de 2010.

Si hay un rostro que los chilenos asociarán largo tiempo con este terremoto es el de la ex directora de la Onemi, Carmen Fernández. El gobierno ha concentrado en ella la acusación de incompetencia, mientras la Armada le endosa la responsabilidad de no haber dado la alerta de tsunami. Ésta es la primera entrevista que da a la prensa escrita desde la tragedia. Aquí, su versión de los hechos.

A la ex directora de Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (Onemi), el terremoto le botó la mansarda de la casa y ahora, como cientos de chilenos, está leyendo la letra chica del seguro, temerosa de descubrir cosas desagradables.

En su extensa permanencia en ese organismo –dieciséis años en total– enfrentó inundaciones, terremotos, deshielos, ciudades tragadas por volcanes. Admite que su organización fue sobrepasada por este sismo de 8,8 grados, que terminó con su carrera. Pero se niega a que la responsabilicen por no haber alertado a la población sobre el maremoto que azotó nuestras costas. En eso es tajante. Afirma que el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (Shoa), entregó información confusa que entorpeció las labores de los servicios de emergencia. “Si no hubiera intervenido el Shoa habríamos dado la alarma de tsunami”, afirma.

En un tema que evoluciona con la velocidad de un tsunami es importante señalar que esta entrevista se hizo el 25 de marzo, cuando la Armada acababa de insistir que su único error había sido retirar la alerta.

Tsunami descartado

La Armada dice que a las 3:51 le envió a la Onemi una alerta de tsunami. ¿Por qué no ordenaron evacuar el litoral?

¿A las 3:51 de la mañana? Yo no tengo ninguna constancia de que eso haya sido así. Mire, lo que me consta que ocurrió es lo siguiente: cuando llegué a la Onemi, tenía claro, por la intensidad del terremoto, que había riesgo de tsunami. Ahí estaban el jefe del sistema de alerta temprana con el subsecretario del Interior, Patricio Rosende, y me dicen que el Shoa no tiene claridad sobre ese tema. Y cuando insistí en que había que evacuar escuché, fuerte y claro, que el operador del Shoa descartaba la probabilidad de tsunami. “Ah, qué bien”, dije yo, “un problema menos”. Ahí me cuentan que no era la primera vez en la noche que el Shoa descartaba el tsunami, que ya lo había dicho por radio antes de que yo llegara. Entonces nuestro jefe de alerta temprana me muestra un fax del Shoa que llegó a las 4:07 de la mañana.

Ese fax tiene como título “Alerta de tsunami” ¿No es suficiente?

 

Dice eso en la referencia, porque es parte del sistema de alerta. Pero al lado de eso tiene un elemento central: situar el epicentro en el continente y eso anula todo.

¿Por qué?

Porque si el terremoto es en tierra no es posible un tsunami. Eso lo sabemos todos los que trabajamos en esto. Ese dato es clave, y es lo que analizó el equipo. El fax dice también que el sismo es de energía suficiente para generar tsunami, que no se ha producido y que van a avisar oportunamente si llegara a ocurrir. No pueden decir que eso es una alerta. Por lo demás, cuando yo llegué, ya el Shoa se había olvidado de eso y estaba repitiendo por radio que no había maremoto.

La Armada insiste en que su sistema de alarma funcionó bien.

¿Funcionó bien fijando el epicentro en tierra? Mire, yo sobrevolé Talcahuano y vi una buena cantidad de barcos de la Armada muy dañados. El protocolo de ellos indica que si hay riesgo de tsunami tienen que ir con sus barcos mar adentro. Me parece que no lo hicieron porque creían que el epicentro era en tierra y ellos también entendieron que no había riesgo de maremoto. Yo pienso que el Shoa no sólo no funcionó bien sino que generó ruido al trabajo que se estaba haciendo. Es más, si no hubiera intervenido el Shoa habríamos dado la alarma de tsunami. Así de claro.

Para usted el Shoa es responsable de las muertes provocadas por el tsunami.

No me corresponde decir eso. Hay una investigación del Ministerio Público y faltan más antecedentes para determinar eso.

¿Es en base a los datos de la Armada que Michelle Bachelet dijo esa madrugada que no había tsunami?

Claro. Cuando ella llegó me preguntó por el mar y le dije que el Shoa había descartado la alerta. Y ella me contestó: “Qué bien”. A la Presidenta le pareció que era necesario dar tranquilidad a las personas y explicar que el tsunami estaba descartado. Posteriormente, empezaron a llegarnos datos, no confirmados, de que en Juan Fernández se había producido una fuerte inundación.

¿Qué dijo el Shoa al respecto?

Lo niegan. El operador aseguró que allá el mar subió 20 centímetros. Luego le preguntamos por Queule, de donde también nos llegó información indirecta de la entrada del mar. El operador repitió que no había tsunami.

¿Por qué cree usted que el Shoa informó algo que no estaba ocurriendo? ¿De dónde obtuvo el Shoa la información para decir que había alza de 10 centímetros en lugares donde las olas llegaron a los 10 metros?

 

Eso es uno de los puntos clave por investigar, porque viene a demostrar la distorsión en el sistema de alerta del Shoa. A mí me llama la atención lo siguiente: lo que informó el Shoa es exactamente lo que la teoría indica que ocurre cuando el epicentro es en el continente: alzas de mar de 20 centímetros. Es como si el operador hubiese estado transmitiendo lo que dice un protocolo, no lo que veía ni lo que le estaba contando alguien que está en la zona.

A ver, ¿usted cree que el gobierno tomo decisiones esa noche oyendo a un operador que estaba leyendo un manual?

¿Qué le puedo decir? Es una elucubración, pero resulta evidente que ese operador no estaba dando cuenta de lo que ocurría en el borde costero. Resulta evidente también que el Shoa, que está en Valparaíso, no supo durante horas lo que ocurrió con la base naval de Talcahuano. Lamentablemente, nosotros oíamos al Shoa como si nos estuvieran describiendo algo real. Es más, cuando nosotros tuvimos antecedentes de que hubo un maremoto en Juan Fernández, yo hablé con el operador del Shoa para confirmar eso y le pregunté. Y él me dijo que hubo una alteración de 20 centímetros y agregó que “el agua bajó a 18 centímetros y ahora está a 12”. Y era como si tuviera comunicación con alguien que estaba viendo el mar en Juan Fernández. Pero eso es imposible, porque eso no pasó. Es una locura. Hay que averiguar cómo se construyó esa información.

Mucha gente se pregunta por qué la Onemi tenía que hacerle caso sólo a la Armada. ¿No era posible desoír sus informes? Hay organismos internacionales que advirtieron en internet sobre el maremoto minutos después del sismo.

Hay una disposición legal que establece que el Shoa es el único organismo en Chile a cargo no sólo de analizar las condición de sismo, sino también de generar los avisos. Pero independientemente de eso, el punto es que no había otra fuente de información disponible. Las primeras horas la Onemi estuvo ciega y sorda en las regiones más afectadas y nuestro único contacto era el operador del Shoa. No hubo con qué contrastar lo que decía. Si se hubiese accedido al servicio geológico de Estados Unidos, por ejemplo, habríamos dado la alarma, aunque el Shoa dijera que no. Pero no teníamos red, ni teléfonos ni nada.

¿Qué pensó cuando se enteró de que hubo una ola de la cual nadie avisó

Tuve una sensación de rabia con el Shoa… por haber depositado confianza en capacidades técnicas que no eran suficientes. Ésa fue mi primera sensación. Rabia. Cuando el radio operador me transmitió de que había una amplia devastación en la zona costera, yo dije: “pero cómo, ¡años esperando esto!”. Luego seguimos operando, porque ahí uno no tiene tiempo para los sentimientos. Al menos yo no seguí escuchando al Shoa. Me pareció que, sencillamente, estábamos frente a un ruido.

El ex director de la Onemi, Alberto Maturana, dijo que se sabe que un terremoto de estas características produce maremoto sí o sí y que, sin importar lo que dijera la Armada, la autoridad política debió ordenar la evacuación. Dice que a la Onemi le faltó coraje.

Lo único que puedo decir es que en los grandes desastres que ocurrieron en este país durante los 12 años en que él dirigió la Onemi me correspondió asumirlos a mí porque él no estaba en el país. Los puedo nombrar uno a uno: no estuvo para el terremoto de Punitaqui, ni para el terremoto de Huara… Trabajar sobre supuestos cuando no has tenido que tomar decisiones, siempre es más fácil. No es lo mismo tener información para tomar una decisión que afecta a la ciudadanía, que acceder a información para dar una opinión periodística. Y eso queda en evidencia con la alerta de tsunami que se dio el 11 de marzo, el día del cambio de mando. Ahí el Shoa y la Onemi se hiperventilaron. Se pusieron de acuerdo y funcionaron muy bien. Pero no conozco tsunamis que se hayan producido con sismos de 6,9. Evacuaron a toda la gente del norte que no estaba dentro de la alerta. Los medios mostraban cómo la gente corría despavorida. Se les murió una persona. ¿Y si se hubiesen muerto más? ¿Qué explicación estaría dando la Onemi? Los medios fueron benévolos: decían que así debería haber operado el sistema la noche del terremoto. Pero fue un error. Ahora, eso lo digo desde aquí, desde fuera. Es muy distinto tener que tomar esas decisiones. De todos modos me gustaría que la gente reparara en un punto: si la autoridad encargada de la seguridad actúa pensando en salvaguardarse de las críticas, se convierte en dinamita. O sea, al primer temblor decir “¡todos para el cerro!”, porque si llega a pasar algo, me podré defender diciendo “yo advertí”. Parece que no importara que en la estampida muera gente. De hecho, eso pasó en 2005 en San Pedro de la Paz.

¿Estaba entonces Maturana a cargo de la Onemi?

Sí, pero estaba fuera del país y lo asumí yo. Lo que ocurrió fue que tras un sismo en Japón, un funcionario de la Armada alertó que se iba a producir un tsunami en Chile. Y, claro, si la primera información sale de la Armada, obviamente tiene credibilidad y por más que nosotros decíamos que no había tsunami, la noticia se expandió. ¡15 mil personas partieron en estampida a los cerros! Hubo tres muertos en un maremoto que nunca fue. A eso me refiero con transformarse en dinamita.

Usted es periodista: ¿qué hacía en la dirección de la Onemi?

Yo gané este puesto en un concurso de la Alta Dirección Pública. Cuando concursé llevaba 12 años trabajando en la Onemi y dirigí el equipo que formuló el actual plan de protección civil, el plan de emergencia.

Sobre el saqueo

Varios historiadores e intelectuales dicen que era obvio que el saqueo ocurriría. ¿Ustedes tenían contemplado que a las 11 de la mañana habría saqueo y que durarían dos días?

Los saqueos estaban contemplados y es por eso, entre otras cosas, que existe el Estado de Catástrofe. Lo que pasa es que no se podía prever que este problema social emergiera inmediatamente. En todos estos años que estuve en la Onemi, viendo desastres, no me tocó ningún saqueo. En el terremoto con tsunami de los años 60 hubo saqueos, pero nunca fueron con esta inmediatez. También me sorprendió una cosa: que la alcaldesa Jacqueline van Rysselberghe dijera que entendía a la gente, porque tenía hambre… ¡Hambre a horas del terremoto! No concibo que una autoridad diga eso.

¿Afirma que ella, con sus declaraciones, incentivó el saqueo?

Absolutamente. Decía: “Pero cómo no vamos a entender a las personas, que tengan esta actitud, cuando tienen hambre…”. Me parece que tenemos que revisar muchas cosas después de este terremoto, entre ellas, qué está pasando en la sociedad chilena. Se le criticó a Bachelet la demora en mandar militares a la zona. Se dijo que dejó las ciudades todo un día y una noche en manos de los saqueadores. La declaración de Estado de Catástrofe es una decisión que se tomó más arriba de este servicio. Pero en las reuniones en las que participé todos tenían claro que había que hacerlo. Recuerdo que hubo que redactar dos o tres veces el decreto y que la Contraloría lo rechazaba. Lo que pasa es que en este país no se hacía un decreto de ese tipo hacía muchos años. Sé que partieron el sábado discutiendo este tema. Y estuvieron buscando jurisprudencia para poder redactar adecuadamente…

También hubo reclamos por la lentitud en la entrega de ayuda.

No hubo tardanza. Lo que pasa, y cuesta entender, es que antes de repartir hay que evaluar. Pero puedo decir que a las 72 horas del sismo ya habíamos despachado 9 mil toneladas de mercadería. No se pudo antes porque no había proveedores, estaban todo haciendo arqueos. Recién el domingo pudimos contar con ellos.

El comandante en jefe de la Fach se sumó a esas críticas diciendo que ellos, a las dos horas del terremoto, tenían dos aviones Hércules listos para partir.

Sí, claro. ¿Y dónde estaban los pilotos? Si recién logramos hacer los primeros vuelos a las 9:30 porque no había pilotos. En la Onemi tenemos los registros y videos de la Presidenta diciendo “Pero, por favor, ¿qué va a pasar en este país si hay una guerra?”. Yo lo vi y me consta. Incluso después hicimos chistes con la película ¿Dónde está el piloto?. La Presidenta levantó los brazos y dijo: “Ya han pasado 4 ó 5 horas, no me diga que todavía no podemos salir a sobrevolar”. Aquí se ha confiado mucho en algunas declaraciones… Yo tengo grabado el malestar de la Presidenta diciéndoles a generales “¿Por qué no han sacado a sus fuerzas a operar en la calle cuando ha pasado tanto rato?”. Eso lo viví.

¿Qué sintió al dejar la Onemi?

Vi a la Presidenta quebrarse en una entrevista y me da la sensación que lo que sentía era “qué pena que me tengo que ir y dejar esto así”. Yo sentí eso también. Mi trabajo estaba en curso, pero mi reacción con la comunidad estaba siendo reducida al debate de qué se hizo y qué no. La percepción de la comunidad era desconfiar de la Onemi. Entendí que me tenía que ir, que había una creciente desconfianza que iba a entorpecer el trabajo de ayuda de esta organización. Ése fue el motivo de mi renuncia. Pero entonces viene Rodrigo Hinzpeter, que aún no había asumido como ministro, y dice que mi renuncia demuestra que no tenía las competencias para el cargo. Y al otro día lo escucho de nuevo. No es justo que me descalifique de esa manera. Por eso me parece bueno que haya esta investigación de la Fiscalía.

¿En algún momento se quebró después de salir de la Onemi?

Esto que te digo, escuchar a Hinzpeter. Me acuerdo y me dan ganas de llorar. Yo lo estaba viendo en la tele… qué sabe él de mí si nunca ha trabajado conmigo. ¡Cuando sentí que mi mayor acto de competencia fue dejarlos en libertad para que recuperaran esa institución! Y conste que las responsabilidades administrativas no se extinguen si me voy.

¿Qué está haciendo usted ahora?

Hago clases en la Uniacc. Aunque suene raro, hago un curso de manejo de crisis.

Por Juan Andrés Guzmán/ Fotografía: Carolina Vargas

 

 

 

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